Los hechos se convierten en historia cuando se siguen recordando a lo largo de los años. Esos recuerdos que terminan siendo efemérides son los que, con el paso del tiempo, forjan la Historia (con mayúscula) de una entidad. En el caso de La Peñaza, su historia se escribe en gran parte a través de sus torneos de relevancia, como el Gran Premio de la Hispanidad o el Guzmán Bengoa, que atraen jugadores de muchos puntos de España y lo dan a conocer. En el mismo sentido, cuando los socios salen a jugar fuera y llevan el nombre del Club a lo más alto de las clasificaciones, se escriben nuevas líneas de Historia en el imaginario colectivo del golf.
La semana pasada se cumplió una de esas efemérides. Tal día como el domingo 26, pero en 1991, dos socios de La Peñaza, Diego Comet Lozano y Valero López Villalba (fallecido en 2017), se proclamaron campeones de la final mundial del Jaguar Golf Days. La prueba se celebró en Gleneagles, un campo histórico que ha acogido el Open de Escocia, pruebas de la PGA, del European Tour, la Solheim Cup de 2019 o la Ryder de 2014.

«Fue impresionante. Algo maravilloso«, rememora Comet con ilusión. «Era la Guerra del Golfo y había cierta incertidumbre. La final nacional en España no se pudo celebrar, y eligieron las dos tarjetas más bajas de España de las pruebas locales, que se jugaban en modalidad individual. Casualmente, fuimos Valero y yo, que nos conocíamos aunque no jugábamos juntos habitualmente porque la diferencia de edad era considerable, pero Miguel Ángel y Valero me hicieron la vida muy fácil», explica Comet. «Había gente de Japón, Noruega, Inglaterra, Estados Unidos, Australia… Una cosa tremenda. Yo ya había jugado fuera de España, en Portugal o en Sudamérica, pero aquello era la cuna del golf. Había cosas que no había visto en mi vida«, recuerda Comet.
«La organización fue impresionante. Estuvimos allí una semana, todo pagado por Jaguar. Los días de entrenamiento nos pusieron por equipos y nosotros íbamos con un japonés, un inglés, un noruego… Y también ganamos», explica Comet. «Las cenas de gala, la de bienvenida… La convivencia fue espectacular», insiste.
Junto a ellos viajó el que fuera profesor de La Peñaza Miguel Ángel Jiménez, quien también recuerda con cariño aquella semana. «Había jugadores de todo el mundo. Sudamericanos, coreanos, chinos… Fue una semana súper agradable. El hotel era un palacio enorme de grande, como si tuviera una ciudad dentro. Tenías peluquerías, gimnasios, restaurantes… Podías estar allí un mes sin salir», apunta.
Durante esa semana de ensueño para cualquier jugador de golf tuvieron tiempo para entrenar, visitar Edimburgo o el Old Course de Saint Andrews, congeniar con otros jugadores y, por supuesto, competir, tal y como recogió el Heraldo de Aragón a su regreso.

Porque la competición también fue inolvidable. «Recuerdo que el último hoyo lo tenían que empatar y Valero estaba súper nervioso, lo veía temblando en la colocación. En broma, le dije ‘¿quieres que le dé yo?’ y ya se echó a reír y se relajó un poco. Le quedaba un putt de menos de un metro y le hice salir de la colocación, porque le temblaban las manos, la embocó y fueron Campeones del Mundo«, relata Miguel Ángel Jiménez. «Era un campo complicado y hacía frío, frío de verdad, pero un campo espectacular. El último día jugaron contra una pareja noruega, que eran hándicaps bajos, creo que 2 y 6, pero Diego y Valero se compenetraron muy bien y ganaron«, recuerda.


«No solo Valero estaba nervioso», reconoce Diego Comet. «Sabiendo cómo íbamos, porque el primer día íbamos muy bien clasificados, la presión era muy alta. Esa presión solo la volví a sentir al sacar las vueltas para ser jugador profesional. Se te pone el corazón a 200, te tienes que salir de la bola, respirar… Aquel sería de los torneos que más tensión he tenido, sin duda alguna. Pensaba que estaban oyendo mi corazón en el hoyo anterior», insiste Comet.

En la cena de la entrega de trofeos, los españoles estaban sentados con los italianos y recuerdan muy buen ambiente. «Los italianos cantaban ‘¡y viva España!’, y contagiaron al resto de equipos«, cuenta Jiménez. «Eran muy majos los italianos», refuerza Comet. «Se alegraron de que ganáramos y se emocionaron».
35 años más tarde, el circuito ya no existe. Quedan algunas fotos, muy buenos recuerdos, un trofeo precioso y, todavía, los pelos de punta de los protagonistas al recordarlo.

